¿DICIEMBRE NEGRO EN ARGENTINA?

En otros artículos anteriores he realizado los estudios astrológicos correspondientes a la situación de Argentina para este próximo diciembre de 2017. En los mismos he anticipado movimientos sociales desenfrenados que pueden poner en peligro la gobernabilidad del país, algunos de los cuales ya se han insinuado: RIESGOS PARA EL FINAL DEL AÑO 2017 EN ARGENTINA http://www.elsenderodelser.com/2017/08/02/riesgos-para-el-…017-en-argentina/

En este artículo actual, que he propositalmente denominado “¿Diciembre Negro…”, reafirmo dicha situación e intento alertar sobre un proceso inevitable que va a movilizar a la opinión pública, más aún de lo imaginado y de lo que se ha producido hasta el presente, cuyos resultados no pueden predecirse pero sí pueden ser avizorados.

La “familia argentina” va a pasar por cambios inesperados y por fin va a dejar atrás situaciones ambiguas cuyo resultado ha traído solamente la postergación del país; la gente, el ciudadano, va a tener que expresarse de forma inequívoca sobre el tipo de país que quiere, sobre la clase de sociedad en que pretende vivir.

La situación es evidentemente referida a la población de Argentina; se le solicita un cambio profundo que presionará a la población obligándola a movilizarse en un sentido o en el otro, pero que no podrá de ningún modo ser ignorado; de pronto, desaparece la opción de “voto en blanco” porque todos nos veremos obligados a participar y a definirnos definitivamente por el si o por el no.

Astrológicamente, el tránsito del planeta Plutón (que induce transformación, violencia, muerte, manipulación) sobre la Luna de Argentina, la que representa a su pueblo, a sus habitantes, se manifestará como una presión insoportable que movilizará a la sociedad argentina.

La Luna también representa el pasado, los ancestros, las tradiciones, la familia natal, la niñez, las mujeres, los ancianos que pueblan el territorio. Por su naturaleza, la Luna es uno de los puntos más sensibles de la Carta Natal de cualquier personaje humano o empresarial, o en este caso puntual, del país.

Existen dos posibilidades de reacción, siendo que no se discute si es que existirá la reacción porque inexorablemente la posición astral así lo está determinando.

Una de las posibilidades se debe al resurgimiento de viejos rencores y resentimientos, con violencia y sin posibilidad de razonamiento, ya que la luna es representante de lo emocional y no admite razones intelectuales ni diálogos ni negociaciones.

En esta primera posibilidad, es muy probable que se produzcan hechos violentos por la aparición de viejos resentimientos y el resurgimiento de intereses muy antiguos que asomarán descontrolados y que tal como caprichos infantiles, negarán la realidad queriendo imponer sus criterios y ahogar cualquier intento de razonabilidad y acuerdo.

De darse esta situación, la posición del gobierno del país se verá llevada a actuar por la fuerza a fin de no perder el control y la gobernabilidad. El Gobierno está representado por el Sol del país y se encontrará en poco tiempo ante una situación de presión que inevitablemente lo llevará a tomar el toro por las astas, o de no hacerlo, deberá ceder a las presiones y abandonar el mando lo que llevaría al país a un descontrol cercano a una guerra civil.

La otra posibilidad, tal vez menos probable pero más esperanzadora, es que la población reaccione en forma positiva a fin de dejar bien en claro el camino que prefiere, produciéndose en este caso una profunda transformación que hará que la Argentina del 2019 sea totalmente distinta a la del 2017.

Si en este caso, la población se expide claramente sobre el camino que prefiere y deja ver su decisión ante las formas que ya no acepta, el peligro es menor porque la energía se descargará en el sentido del cambio y la transformación de la sociedad argentina.

Que quede bien en claro que esto no es opcional. No me refiero a que la situación puede que se produzca, sino a que indefectiblemente debe producirse un cambio, por las buenas o por las malas, con sufrimiento o con aceptación, y de una vez por todas, un cambio profundo se habrá de producir.

Este cambio o transformación popular comienza a mediados del próximo mes de diciembre, se agudiza para fines de año, culmina a principios del 2018 y sus resultados se verán plasmados a fines del 2018, afectando la paz social, el inicio de clases que posiblemente recién se normalicen a mediados de año, y de una manera o de otra, la mentalidad del habitante promedio se verá transformada por las buenas o por las malas.

La principal ventaja que trae este proceso inevitable al país es que a partir del 2018 veremos otra clase de Argentina, ya definida en el sentido que le corresponde. La situación se asemeja a un parto, el parto de un  nuevo país. Los dolores de dicho parto y las contracciones comenzarán como dije, a mediados de diciembre del 2017, y para el 2018 ya podremos ver el fruto de ese parto, pero no será indoloro porque hay sectores que se niegan rotundamente a la transformación, y sean cuales sean las intenciones de estos sectores serán aplastadas definitivamente por la presión que implica el tránsito de Plutón sobre la Luna, lo que durará hasta mediados del año 2018.

Esto no constituye una mala noticia, sino simplemente es el proceso por el que tiene que pasar el país para un verdadero cambio ya que su futuro se ha visto injustificablemente postergado, y YA HA LLEGADO LA HORA DE LA VERDAD, con fecha de inicio en diciembre del 2017. Habrá un renacimiento del país, y un cambio profundo e inesperado en la conciencia popular, así como el verdadero encauzamiento de los destinos de la nación.

Cada quien deberá tomar los recaudos correspondientes porque nos encontramos hoy frente a las puertas de una crisis profunda, a los albores de una oportunidad en la que la sociedad argentina tiene en sus manos la definición de lo que quiere ser y de lo que quiere dejar de ser.

He titulado este artículo como “¿Diciembre Negro…” porque los peligros son inminentes y no excluyen armas, destrucción y muerte debido a reclamos populares y a atentados inesperados; se trata del desgarro inherente al parto mencionado, y si algo debe quedar en claro es que la respuesta está en manos de la gente, de los habitantes del país. En esta oportunidad, el verdadero soberano es el pueblo.

Por una vez, los argentinos deberemos dejar nuestros cómodos asientos de espectadores y participar, definirnos claramente dejando de lado la infantil excusa que vengo escuchando desde hace 60 años: “la culpa la tiene el gobierno”, sustentada por un pueblo inmaduro y caprichoso que no comprende que la solidez de un país es claro reflejo de la fibra de sus habitantes, y que si la Argentina ha sido hasta ahora el ejemplo de lo que no se debe ser como país, depende exclusivamente de la mentalidad y de la expresión de sus habitantes.

Comprendo que el contenido de este artículo puede no resultar grato para muchos, pero como argentino siento la necesidad de participar y declarar las condiciones reales en las que nos encontramos y a las que deberemos enfrentar.  De esta forma, estoy dando mi ejemplo: prefiero participar a callar.

Ya ha llegado la hora de ponernos los pantalones y decidir si en realidad nos importa el destino de nuestra patria o si seguiremos inmutables en la típica actitud autista del “qué-me-importa” y del “no-te-metás” por el que somos reconocidos y desvalorizados en el resto del mundo. Pero esta vez deberemos aceptar de buen grado las consecuencias porque sólo dependen de nosotros, los habitantes.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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