¿CÓMO RECONOCES SI ESTÁS ANTE UNA CRISIS?

El problema no es estar en crisis, ya que todos los días de algún modo se nos presenta una crisis, por ejemplo, una muy pequeña, al levantarnos. En ese momento estamos muy cómodamente instalados en nuestra Zona de Confort, adormilados en la cama y con pocas ganas de movernos, y nuestro cotidiano generador de crisis (el despertador) nos indica ruidosamente que es hora de levantarnos para hacerle frente al día.

Sin embargo, como ya estamos acostumbrados a hacerlo porque de otro modo peligraría nuestra subsistencia, no lo tomamos como crisis sino como algo inevitable que debe hacerse y ya está, se procede de buena o de mala gana a cumplir con el ritual de ponerse en marcha para luego ponerse en movimiento.

Podemos asimilar nuestra actitud al caso de nuestro auto, por ejemplo; no es lo mismo ponerlo en marcha que ponerlo en movimiento. Ponerlo en marcha es arrancarlo para que funcione el motor, lo que representa una crisis mecánica, pero ponerlo en movimiento implica poner la primera marcha y hacer que se desplace, o sea, encarar la crisis que consiste en que se caliente el motor para funcionar correctamente.

Lo mismo vale para nosotros: muchas veces nos ponemos en marcha, reflexionamos sobre el asunto, pero no nos ponemos en movimiento hacia resolverlo.

Para el motor, la peor crisis que sufre en el día es justamente ésa, ponerse en marcha en frío, ya que su temperatura es baja, no está lubricado, todo está duro y difícil, la chispa de las bujías no es la más conveniente, y así. Análogamente, el peor momento tanto para un motor, como para una persona, es el instante previo a ponerse en movimiento luego de un tiempo de descanso.

Más tarde, se irán presentando las demás crisis, algunas muy pequeñas, otras no tanto. Pero, para tomar el toro por las astas podríamos comenzar por definir ¿Que es una crisis? Una crisis se puede asimilarse a “una situación molesta y decisiva que pone en riesgo el desarrollo de un asunto o un proceso”.

Al comenzar a trabajar en nuestro día, las crisis cotidianas también se ponen en marcha y nuestra tarea es enfrentarlas y resolverlas. Ésas no son las crisis que más preocupan, porque generalmente sabremos encararlas y darles la respuesta apropiada.

El problema suele ser cuando hay una crisis mayor que ya ha comenzado su desarrollo y no nos hemos percatado de ello, como por ejemplo, cuando en una persona se produce un tumor canceroso y por no saberlo, la misma demora en hacer el tratamiento correspondiente hasta que la crisis se desencadena y ya es demasiado tarde.

Otro caso puede ser cuando en una pareja comienzan a presentarse situaciones sin resolver, que con el tiempo pueden terminar siendo insuperables.

Las crisis tienen un mecanismo de desarrollo recurrente, que es el mismo en todos los casos, sin importar si la crisis es pequeña o más importante. Lo interesante sería descubrir los primeros síntomas que presenta la crisis como para comenzar la respuesta de inmediato y evitar las etapas intermedias que suelen ser las más dañinas cuando no se las convierte en funcionales.

Los militares llaman a esto: “Alerta Temprana” (alerta 1), es decir, tomar advertencia de una situación que puede llegar a representar un problema y analizarla, para prevenir sin actuar todavía puesto que puede representar una falsa alarma.

Es muy normal en las personas, la tendencia a dejar pasar el tiempo sin preocuparse a pesar de observar los síntomas, en la esperanza de que la situación se componga por sí misma. Hubo quien dijo que la mitad de los problemas los resuelve el tiempo y la otra mitad se resuelven solos, pero ésa es una actitud un tanto irresponsable frente a la vida.

Del mismo modo el viejo refrán declara que “no hay mal que dure 100 años” (a los 100 años es casi seguro que la persona ha muerto y se ha llevado su problema a la tumba), y hasta algún periodista desorientado ha llegado a hacer una declaración sumamente peligrosa como que “El tiempo resuelve todos los problemas”, pero en estos tiempos modernos, uno no termina de resolver un problema o una crisis, y ya se está presentando la siguiente. Lo que representaría una actitud suicida no hacer nada para superar dichas situaciones.

Como referencia al lector, puede investigar sobre los mecanismos de las crisis en los siguientes artículos de este mismo blog:

¿CÓMO RESPONDER APROPIADAMENTE A LAS CRISIS? Parte 1 de 3

http://www.elsenderodelser.com/2016/07/24/como-responder-apropiadamente-a-las-crisis-parte-1-de-3/

¿CÓMO RESPONDER A LAS CRISIS? Parte 2 de 3

http://www.elsenderodelser.com/2016/07/27/como-responder-a…sis-parte-2-de-3/

¿CÓMO RESPONDER A LAS CRISIS? Parte 3 de 3

http://www.elsenderodelser.com/2016/07/29/como-responder-a-las-crisis-parte-3-de-3/

La pregunta más útil sería entonces: ¿Cómo puedo darme cuenta que estoy frente a un comienzo de crisis, a la primera etapa que es casi imperceptible? Esto representaría declarar la “alerta temprana” ya que la crisis inevitablemente da señales de comienzo, pero no siempre estamos lo suficientemente lúcidos y atentos como para percibirlo. Por lo general, la desestimamos, es decir no le damos la importancia debida hasta que ya es tarde y la crisis se ha manifestado en sus etapas irreversibles.

Tal vez reconvirtiendo la pregunta sea más sencillo encontrar su respuesta.

¿Qué síntomas experimentamos cuando estamos frente a una crisis? Estos síntomas pueden deberse a una crisis o no, pero normalmente resultan un índice del comienzo del proceso de la crisis.

Si estamos atentos, los síntomas serán los que señalarán el momento de declarar la “alerta temprana” y pueden manifestarse como miedo, inclusive a veces sintiendo esa sensación sin saber exactamente porqué. Otra sensación de alerta es cuando sentimos fastidio, aún sin identificar qué es lo que nos produce esa molestaia.

Otras veces nos damos cuenta que sentimos ira o enojo (o puede que otra persona cercana nos pregunte por qué estamos enojados) y entonces tomemos conciencia de que estamos muy fastidiados.

En ocasiones nos sentimos paralizados, sin fuerzas para decidir o tomar un curso de acción; esta sensación de vacío a veces se agudiza y nos sumerge en angustia, o nos produce la sensación de amenaza.

Así, toda sensación que nos mantenga inquietos, debería ser analizada porque a través de ella podemos estar percibiendo inconscientemente que estamos frente a una crisis; experimentar algo así u observar cualquier otra cosa que se salga de lo normal debería  llamarnos la atención a fin de descubrir si se avecina una crisis y de cual tipo de crisis se trata.

Sin obsesión, sin temor, sin desesperarnos, pero sin darle la espalda a la situación en la esperanza de que desaparezca mágicamente, porque estaríamos enterrando la cabeza en la arena para no verla.

Por lo general, buscamos las razones AFUERA de nosotros y eso puede ser un error muy grave, porque las crisis de afuera se desencadenan debido a crisis internas que no hemos logrado resolver. La semilla de la crisis siempre comienza a germinar dentro de nosotros, y mientras buscamos afuera, perdemos el tiempo en lugar de acometer el problema en su inicio.

Sin embargo, en ocasiones estas sensaciones no corresponden a un comienzo de crisis sino que se deben simplemente a que estamos pasando por un Día Crítico de nuestros Biorritmos, pero en este caso, de ser así, en el transcurso de un día o dos observaremos que se produce un cambio en nosotros para regresar a nuestro estado normal.

Eso no fue sino una breve crisis endógena de tipo natural debida a nuestros ciclos humanos que el mismo ciclo se encargará de resolver utilizando nuestras propias respuestas inconscientes, ya preparadas como defensas naturales desde que nacimos para hacerle frente a la situación.

En otro artículo me expresaré más detalladamente sobre los Biorritmos, que consisten en ciclos armónicos-inarmónicos que experimenta nuestro ser en cuanto a su disposición Física, Intelectual, Emocional y Sensorial y que pueden ser aprovechadas tanto para obtener el máximo rendimiento, como para sosegarnos y frenar nuestros impulsos diarios que pueden conducirnos a un acto fallido.

El estudio de estos parámetros humanos, individuales para cada persona según su fecha de nacimiento, determinan sus días de máximo rendimiento, mínima productividad, o los días Críticos en los cuales uno está propenso a equivocaciones, errores, accidentes, distracciones peligrosas o decisiones inapropiadas.

En ciertos países del Primer Mundo, por ejemplo, se emplean los Ciclos del Biorritmo para conocer el rendimiento diario de deportistas, indicando cuando deberían ser incorporados a un equipo o preferentemente no, según su disposición diaria hacia el rendimiento.

Salvo en estos casos mencionados, más allá de los Días Críticos del Biorritmo (pequeñas crisis de duración de uno o dos días a lo sumo), los síntomas mencionados pueden estar indicando la incomodidad que sufre la persona cuando institivamente o intuitivamente presiente la presencia de un proceso de crisis que acaba de comenzar, y que merece originar una investigación inmediata. Cuando “huele algo raro” o bien, no “termina de cerrarle” la situación, pero no acierta a definir a qué se debe.

Cuando con el tiempo nos vamos entrenando en presentir una alerta temprana justificada, somos capaces de captar el comienzo de la crisis, lo que hace que nuestras probabilidades de resolverla sean mayores; podemos llegar a comprender en qué sentido debemos fluir para que la crisis se transforme en mejoras y beneficios, en lugar de desencadenarse en problemas aún más complicados.

El ejemplo típico es la salud; si estamos atentos a ella y tomamos prevenciones, será más fácil mantenerla dentro de los parámetros deseados. De allí el viejo dicho que señala: “Más vale prevenir que curar”.

En resumen, teniendo estos recaudos mencionados podremos reconocer si estamos en presencia de una crisis, de trabajo, familiar, de salud, etc., qué es lo que ella pretende y cómo logramos volverla funcional de modo que sirva a nuestro progreso y bienestar.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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