LAS LARVAS ENERGÉTICAS: SUS CARACTERÍSTICAS Y EFECTOS

En otro artículo anterior ¿Conoces las diferencias entre Egregores, Larvas y Cascarones? – http://www.elsenderodelser.com/2016/07/10/conoces-las-diferencias-entre-egregores-larvas-y-cascarones/
dejé para más tarde la descripción de las Larvas y sus efectos sobre el ser humano, a fin de no hacer más extenso el texto.

Las Larvas pertenecen a la Tribu Sutil-Agua-Fuego; “Sutil” porque sus cuerpos no son visibles a simple vista, sino que son tan etéreos que sólo algunas personas preparadas pueden verlos.

“Agua” porque vibran en consonancia con el Elemento Agua y absorben energías que corresponden al costado emocional de las personas y además su naturaleza es acuática (seres de alto poder espiritual que poseen cierta vitalidad muy acentuada y que pueden trasladarse a la superficie de la tierra, a convivir con los seres humanos, pero siempre dependiendo de la humedad).

“Fuego” porque poseen una gran movilidad, agresividad y desplazamiento, con características similares a los seres celestiales, pero dado que necesitan energía vital para su existencia, normalmente la obtienen de las personas con ciertas condiciones de alteración psíquica, la que les impone una periódica necesidad de expresión temperamental.

Las criaturas de Fuego normalmente son muy agresivas cuando se encuentran en busca de su sustento, actitud típica del Elemento Fuego que necesita combustionar para continuar existiendo, pero en este caso, al ser también una criatura de Elemento Agua se va a alimentar de la energía liberada emocionalmente, por el miedo, el sufrimiento, el stress, el dolor ya sea físico o emocional.

Las Larvas, para sobrevivir, parasitan personas y suelen habitar lugares donde la temperatura supera los 20 grados centígrados para mantener su energía activa. En algunos casos, se adosan a las paredes de locales donde haya cierta humedad, manchas en paredes y techos, o falta de limpieza.

Nota: En la serie de mis libros Cuentos al Pie del Volcán, I, II y III expreso las situaciones y los diálogos que “se me ocurren” en las salas de los baños, piletas y espacios de reposo de las termas, en cuyos techos y paredes aparecen manchas debido a la condensación de vapores minerales, que facilitan el anclaje de Larvas.

Este tipo de lugares cumplen las condiciones que requieren las Larvas: alta humedad, minerales que manchan el techo y las paredes, concurrencia de personas que sufren de alguna clase de dolencia y la energía ígnea del volcán. De este modo, múltiples clases de criaturas encuentran condiciones ideales para manifestarse con la humedad y el calor.

Estos Elementales suelen, por tales necesidades de supervivencia, habitar hospitales y lugares que cumplan con tales condiciones, sobre todo en espacios físicos donde haya personas con alguna complicación de salud, sufrimiento o dolencia.

La diferencia en las termas de Copahue estaría en que no hay permanencia de las mismas personas durante más allá del tiempo necesario para el baño y el descanso, es decir, nadie vive permanentemente allí. .

Las Larvas tienen una apariencia de gusanos de gran tamaño, aún mayor que un metro de longitud, cuya forma varía según el tipo de criatura, en uno de cuyos extremos presentan una especie de boca dentada con la cual se prenden en las paredes o en la persona que buscan parasitar.

Es muy normal que las Larvas abran el paso a otros entes de tipo maligno, que se adueñan del lugar haciendo imposible que las personas que lo habitan puedan continuar permaneciendo en ese ambiente; el área se vuelve pesada, deprimente y angustiante para las personas, sobre todo aquellas que poseen cierta sensitividad a estas presencias.

Las personas a las que se adhiere la Larva sienten cierto cansancio inexplicable, pérdida de vitalidad, mal humor, fácil irritabilidad, depresión y aún a veces sienten como algo que se mueve en su espalda, e incluso cierto mal olor que proviene de los procesos digestivos de la energía, que realiza la Larva.

Cuando la Larva está posesionada del ambiente, las personas sienten alivio al abandonar el lugar, donde seguramente se han sentido debilitadas y desganadas; de esa forma se reconoce la presencia de la criatura que de otra forma es muy difícil de detectar debido a su esencia sutil.

Necesitan permanente humedad y temperatura, y prefieren los lugares donde no hay entrada de los rayos del sol, que podrían resecarlas y ahuyentarlas. En el caso de parasitar a una persona, se vuelven resistentes a la luz del sol, pero hacen que la persona sienta permanente sed y la necesidad de hidratarse, a fin de que la Larva pueda mantenerse con vida a expensas de la humedad que absorbe de la persona.

Cuando la persona permanece parasitada por la Larva durante mucho tiempo, ésta termina afectando su carácter y su voluntad, aferrándose de tal forma que no puede ser liberada por simples rituales sino que se hace necesario un exorcismo apropiado al caso.

Las medallas y cruces bendecidas que acostumbre llevar consigo la persona disminuyen al mínimo la posibilidad de que una Larva se adose a su cuerpo, así como objetos bendecidos en las paredes de su vivienda.

También las ahuyentan la proyección de Símbolos de Luz y las invocaciones al Arcángel Miguel. También, en casos menores, la presencia de humo de incienso en el ambiente reseca a la Larva y la induce a abandonar el lugar.

Las Larvas no tienen un idioma, como es el caso de otros Elementales, pero sí dejan escuchar quejidos, suspiros, o ruidos en los muebles, ruidos más allá de los normales debido a la dilatación por la variación de la temperatura.

Las enfermedades psíquicas tienden a atraer el adosamiento de Larvas en dichas personas, por lo que es común que habiten las salas de hospitales y psiquiátricos, nutriéndose de la energía liberada por los pacientes en sus estados alterados, y la necesidad de humedad constante las hace proclives a los baños de estaciones de transporte, baños públicos y escuelas.

Las Larvas rápidamente localizan personas o lugares que hayan sido víctimas de rituales malignos, ya que esto favorece su presencia debido a los campos energéticos de baja vibración inherentes a dichos procesos demoníacos. Ellas hacen primero su entrada y dejan la puerta abierta a otras criaturas de la oscuridad.

No parasitan por dentro a la persona sino que se adhieren superficialmente, sobre todo en la zona de la cara, el cuello o la cabeza de sus víctimas, o también a veces se prenden a algún chakra energético porque lo que buscan es precisamente zonas ricas en expresión energética de las que puedan alimentarse de la emisión de ondas psíquicas del ser humano.

Suelen intentar provocar la debilidad emocional de la persona de forma de hacerle experimentar raptos de sensaciones negativas como miedos, visiones fantásticas y expresiones en las cuales la persona emita energía como accesos de ira y agresión, terror, violencia, para succionar esas energías de las cuales se alimentan.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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