LA NUMEROLOGÍA SOBRE EL PRESIDENTE ARGENTINO (Parte 2 de 2)

Expliquemos con las debidas justificaciones esta situación compleja, de un país naturalmente desordenado y oscilante. La Argentina, como país “nacido” bajo el Signo de Cáncer, está influenciado por su cuerpo celeste regente, en este caso, la Luna. La Luna, como todos sabemos, es cambiante, inestable y cíclica.

En términos astrológicos, el Sol en Cáncer (el Sol representa tanto la vida del país, como a su gobierno) está siendo siempre afectado por la Luna (los habitantes), puesto que la Luna rige a Cáncer, que es donde se encuentra ubicado nuestro Sol argentino. Aquí más que en otros países, el pueblo tiene el gobierno que permite en función de su conciencia.

Esto nos dice varias cosas, entre ellas, que Argentina nunca ha sido, no es, ni será, un país que se caracterice por la estabilidad dado que está determinado por los cambios lunares. Argentina siempre se comportará impredecible, lo que torna muy difícil sostener una política estable en su conducción, razón por la que tantos gobiernos han fracasado, y mucho peor cuando no han estado asesorados convenientemente a este respecto.

Pero esos cambios son cíclicos, y numerológicamente predecibles (como las mareas, por ejemplo). Esta oscilación permanente hace que sea muy difícil mantener algo rígido y estable en este país, o sea, es imposible el sostener una forma de gobierno con una línea de conducta imperturbable.

Según la definición de “Política”, necesariamente debe existir una “participación ciudadana”; si el ciudadano no participa, no se expresa, o no puede hacerse escuchar, ya no se trata de política sino de una dirigencia sorda y ciega. Si la población no colabora ni participa en la toma de decisiones, la conducción es rígida.

Dicha rigidez está desde el inicio, condenada al fracaso, y las pruebas las tenemos en nuestra historia; podemos preguntarle al ex-presidente De La Rúa, cuyo Signo, Capricornio, lo ha mostrado totalmente carente de la “cintura” necesaria como para dar la respuesta acorde a cada variación. Este ex-presidente nunca pudo asimilar la forma apropiada de “manejar” este país.

Estas condiciones me recuerdan cuando yo tenía 11 años, y mi padre pretendía enseñarme a manejar en los caminos de tierra del campo, con un auto viejo cuya dirección estaba tan gastada que la única manera de mantener medianamente enderezado al auto era oscilando permanentemente el volante hacia la izquierda y luego hacia la derecha.

Yo no comprendía cómo mientras yo giraba el volante hacia la izquierda, el auto todavía se dirigía hacia la derecha y cuando lograba que se dirigiera hacia la izquierda, era imperioso dar el volantazo hacia la derecha para no salirse del camino. Bien, ésa es justamente la manera correcta de conducir a un país como Argentina, para mantenerlo medianamente centrado en la ruta correcta.

En este suelo, se debe dar la respuesta que la situación requiere, pero estando preparado para que todo se invierta, de golpe, y sin previo aviso.

Lamentablemente, desde que tengo registros, nuestros políticos han demostrado que no entienden nada de esto y su desconocimiento hace lógicamente que fracasen en forma reiterada; lo notable y hasta en ocasiones, sorprendente (y muy lamentable) es que ninguno de ellos aprenda de los errores del anterior. Fracasados, ciegos y sordos, aunque no mudos; típicas condiciones de la soberbia.

Todos presumen que saben de política y conducción, pero realmente muestran una lastimosa ignorancia sobre la idiosincrasia nacional, y así mismo, se aplica esto a sus asesores. El gobierno por un lado, el pueblo por otro.

Todos los economistas tienen su solución mágica, hace años que nos maravillan con sus discursos televisivos, pero Argentina sigue sumergida. A la historia me remito, allí están las pruebas. Soy una persona que primeriza resultados y hasta ahora, tras 60 años de argentino, aún los estoy esperando.

Sin embargo, hay que reconocer que dos ejemplos de cierta estabilidad en el rumbo del país han sido el Presidente Juan D. Perón y el Presidente Eduardo Duhalde, ambos librianos, y que, dejando de lado sus errores y sus aciertos, fueron sensibles a las necesidades de variación que este gran barco parece destinado a sobrellevar.

Ellos tuvieron el mérito de una sensibilidad natural particular ante los cambios y su esencia libriana los llevaba a dar permanentes y ligeros toques en la dirección, los necesarios para encaminar un país Canceriano con Ascendente en Libra.

Como experiencia personal, debo comentar que mi padre era gremialista en aquella época peronista y me contaba que Perón por un lado, otorgaba un beneficio a los trabajadores, por supuesto “arrancado a los empresarios”, y a la semana siguiente, llamaba a los empresarios y les daba una compensación por otro lado, en silencio y en desconocimiento de las masas, para equilibrar las cargas.

Así, todos estaban conformes y seguían aplaudiéndolo. La permanente preocupación por el equilibrio de la balanza de Libra… ¿Perón, un brillante estratega o un pillo oportunista? ¿O ambas cosas? Cada uno seguramente ya tiene formado su concepto, y yo lo respeto, acertado o no.

Habiendo analizado a fondo la Carta Natal de Perón (obligatoria en mis estudios en la carrera de Astrología) conozco profundamente su pensamiento y no coincidía para nada con lo que creen algunos ilusos de nuestro tiempo.

Perón sabía mantener el fino equilibrio necesario para sustentarse en el poder; desde España alentaba a la subversión, pero estando ya en la Argentina, la combatía. Perón era partidario del principio que dice que “el fin justifica los medios” y oscilaba al ritmo de la necesidad del momento.

Lamentablemente, la Historia nos señala que periódicamente hemos oscilado de un extremo a otro, sin encontrar el deseado punto de equilibrio, el que nunca encontraremos, hay que decirlo de una buena vez.

Este país puede ser la peor pesadilla para todo aquel que desee o necesite estabilidad, y tal como el caballo mencionado, o el viejo auto de mi padre, a veces es necesario dar un tirón de riendas a un costado, pero luego se deberá dar otro en sentido inverso.

En otras palabras, para vivir en este país así como para dirigirlo, es necesario “tener cintura” y dar las variaciones necesarias en el momento en que se impongan. En ese sentido, la mentalidad de Mauricio Macri posee la elasticidad apropiada como para saber escuchar, consensuar y compensar estas variaciones. (Ya la he descrito en el análisis de su Carta Natal, en este blog).

Pero desde otro ángulo, esta actividad es desgastante y lamentablemente esta permanente variación presiona y desestabiliza su sistema nervioso y cardiovascular, es decir, su salud. Es hombre de decisiones rápidas, ingeniosas e inusuales, pero no soporta la presión permanente. En un próximo artículo analizaré su estructura Numerológica.

Aquí es donde cobra alguna importancia (como beneficio) el período en que asumió: un período de características inestables, discontinuas, imprevistas, aleatorias. Pero sabiendo utilizarlas, aptas para conducir un país inestable, discontinuo, imprevisto y aleatorio, cuyo Centro de Gravedad cambia constantemente de posición.

Pero también (como perjuicio) un Período que dificulta la estabilidad y la continuidad ¿Podrá Mauricio Macri mantenerse en el gobierno? Dependerá de la reacción y del apoyo popular.

Su contraparte, la población, está simbolizada por la Luna, que en oposición al Sol (Gobierno) parece no poder resistirse a mantener una conducta inmadura y caprichosa, a veces a favor, a veces en contra, pero siempre egoísta, tratando cada integrante de llevar el agua para su quintita, sin que le importe la del vecino.

Por ejemplo, ante este nuevo gobierno ¿Qué hicieron los empresarios? Su conducta irresponsable y antipatriótica generó una crisis de aumentos descontrolados que ya se manifestó antes de asumir el nuevo Gobierno. Ni siquiera esperaron a que asumiera, le cortaron las alas desde el inicio.

¿Cómo es que hoy, a la fecha, se ven ofertas de descuentos de hasta un 40%? ¿Es que nos están robando un 50% entonces? ¿O un 60%? Esto muestra la falta de lealtad y honestidad, la falta de compromiso, el famoso “qué-me-importa” y el “sálvese-quien-pueda” del típico argentino autista.

Esto nos demuestra que tal como en una moto de cross o en un cuatriciclo cruzando médanos a campo traviesa, el conductor nunca puede descansar tranquilo en el asiento, sino que debe conducir “parado” y atento a las imprevistas variaciones del terreno, para compensarlas y mantenerse en marcha equilibrada. Así es la forma correcta pero agobiante de conducir este país tan particular.

Astrológicamente, no me atrevo a otorgarle una descripción al argentino típico que no hiera algunas susceptibilidades, por lo que me la reservaré; la verdad suele ser dolorosa y por lo tanto, me callo a ese respecto. Dejaré que cada uno se maneje con su opinión o con las versiones que en el extranjero se comentan sobre el argentino cuando observan nuestra conducta incomprensible para ellos, como ciudadanos.

Eso se contrapone a las directivas del gobierno, sea éste de la orientación que sea. Es decir, en pocas palabras, el comportamiento inmaduro e individualista general de la población hace que no sea fácil para ningún tipo de gobierno, conducir un país tan especial como éste. Similar a un arreo donde cada cabra quiere dirigirse a su sendero personal, siempre habrán individuos o grupos disconformes en oposición.

En ese sentido, Mauricio Macri (Acuariano, Signo de Aire como lo es Libra) mediante sus marchas y contramarchas tan criticadas por los genios economistas, puede encontrar provisoriamente puntos de equilibrio apenas estables, que requieren permanentes reajustes según la situación lo exija.
Al igual que un surfista, debe intentar mantenerse como sea, en la pendiente de la ola para no perder velocidad y estabilidad.

A este respecto (aunque aparentemente no se vea la conexión) si regresamos al período de asunción de este gobernante, en su caso, por desgracia no ha sido el momento más afortunado del día. Tampoco ha sido el momento que más se favorezca lo permanente, lo que indica sin lugar a dudas que no habrá condiciones favorables para un segundo mandato de Mauricio Macri como Presidente.

Con el tiempo, deberá reconformar una y otra vez a su grupo de colaboradores, que por una razón o por otra, constituirán también un grupo cambiante, o al menos, ésa será la tendencia negando estabilidad. Dependerá de su capacidad de utilizar la energía del grupo, capacidad que afortunadamente, es amplia.

¿Si podrá completar el mandato actual? Personalmente considero que cuatro años es demasiado tiempo para este juego de tira y afloja, y temo que la salud del Presidente no lo soporte, o bien, se resienta gravemente.

Además, ciertos personajes demoníacos están haciendo todo lo que pueden para complicar su tarea, mostrando su calaña corrupta, porque en definitiva, buscan su propio beneficio y no el del ciudadano que trabaja ni el del país en general.

El Poder Judicial, que debería ser independiente y ejecutivo, ha dado muestras evidentes y constantes de que tiene instrucciones previas (y que las cumple) y además, una parte de la población no parece comprender que si el país está al borde del precipicio, TODOS sus habitantes también lo están, no importa de qué fracción se trate. Tampoco Venezuela parece servir de espejo a los argentinos, que en gran parte se comportan como “autistas” y viven dentro de su propio mundo prefabricado.

Atención: dos momentos cruciales en la situación del país, que mantendrán en jaque tanto al pueblo como al gobierno, se darán ENTRE EL FIN DE AÑO DE 2016 HASTA ABRIL DEL 2017, y luego se observará una pausa en la que engañosamente las cosas parecerán estabilizarse, pero recrudecerán DESDE OCTUBRE DEL 2017 HASTA MARZO DEL 2018. Éste es un tiempo muy peligroso para la estabilidad del país; y para su Gobierno democrático.

Éstas son fechas seguras de profundas crisis y transformaciones en este país; por un lado, absolutamente necesarias como aprendizaje aún cuando no serán gratas. Es de esperar que el gobierno tome las decisiones acertadas para evitar que estas situaciones nos terminen de desbarrancar.

Si la tormenta se ha mantenido bajo control en esas fechas, lo que no será fácil, a partir de ese período todo tomará otro cauce más tranquilo, pero profundos cambios se habrán dado para ese entonces; grandes transformaciones esperan a la Argentina y a su población, y no por la vía del entendimiento, el acuerdo y la razón, ni de la cordura, sino por sufrimiento y obligación.
Este país ha de volverse otra Argentina muy distinta de la que ha sido hasta ese momento.

¿Mejor? ¿Peor? Distinta, transformada. Se abre otra etapa de maduración, a la cual deberemos adaptarnos ya que la población no podrá mantenerse inmune a este cambio. El resultado dependerá de si el “niño” decide madurar o si persiste en encapricharse, porque inmaduro, caprichoso e irresponsable, en su mayoría, es.

A este niño engatusado durante años con mimos y caramelitos (mientras le escamoteaban su futuro) le va a costar mucho asumir una actitud responsable y adulta acorde a las circunstancias que lo necesitan. Asimismo, el acostumbrado y tan establecido concepto de la impunidad deberá dar paso al juicio y a la condena correspondientes, porque sin justicia no puede existir la paz, y sin paz y acuerdo social, éste se convierte en un país ingobernable.

En resumen, al Presidente no le será fácil gobernar durante estos períodos mencionados a este barco sin timón; sólo puede llevarlo a buen puerto su pericia con las velas. Hay quienes critican que al ser un empresario y no ser un político de carrera, no está en condiciones de gobernar un país.

Pero no es así, están muy equivocados. Se requiere un cacique enérgico y no una democracia carente de vigor para este país, siendo que el gobernante de turno deberá poseer la capacidad de negociación y la genialidad de fortalecer la democracia, y hacer que la misma sea el verdadero cacique que administre y conduzca.

Ésa es justamente la habilidad instintiva de Mauricio Macri. De las opciones que había, no se podría haber elegido mejor, porque este país no es una lancha que se pueda manejar con una mano, sino un barco a velas, pero sin timón.

Un país en el que reina, en la gran mayoría de la clase dirigente tradicional un grado de ceguera tan profundo que muestra que estas opiniones “profesionales” estén absolutamente equivocadas: la Argentina, por sus características especiales, se debe manejar como una empresa muy diversificada y no como un país común, estable y ya establecido como tal.

La Argentina y los argentinos no somos comunes, todo el mundo lo sabe, por lo que no caben en este país las fórmulas foráneas que ciertos genios economistas proclaman que en otros países dan resultados. No nos comparen, señores universitarios, sean capaces de darse cuenta de la diferencia. Argentina no está contemplada en los libritos de economía. Muchas veces pienso que un ama de casa, Doña Rosa, tiene más sentido común y capacidad de administración.

Mauricio Macri, evidentemente sin asesoramiento, o bien, mal asesorado, ha comenzado a gobernar en un período diario numerológicamente inapropiado, lo que en principio indicaría una gran dificultad para terminar su mandato.

El período de asunción comentado es inestable y propenso a generar situaciones que requieren permanente ajuste, marchas y contramarchas, fines y recomienzos, por lo que justamente es el peor para comenzar a estabilizar el caos.

La contrapartida de haber comenzado en un horario de asunción inestable, y propenso a generar situaciones que requieren permanentes ajustes, marchas y contramarchas, fines y recomienzos, es que este Presidente tiene la capacidad de improvisación y de cambio necesarios para cada circunstancia.

Por esta vez, el “niño” ha sabido elegir al candidato adecuado: un mandatario de mentalidad fría, adaptable, intuitiva, brillante y hasta errática, para conducir a un país cambiante, y ciertamente errático.

Hay algunos que opinan desde la tribuna y que exigen un programa de gobierno; justamente hacer caso a estos profundos desconocedores de la mecánica de la vida y de la realidad argentina, a estos titanes olímpicos del desgobierno y del fracaso, y hacer un plan a largo plazo (como el que ellos nunca presentaron ni cumplieron) sería justamente un muy mal camino a transitar, más que nunca hoy, en estas situaciones de tormentosa inestabilidad por el que navega astrológicamente el país.

En ese sentido, reitero, la aparente volubilidad y contramarchas de las acciones del gobierno, son la carta ganadora en estas circunstancias tan difíciles. ¿Las predicciones? Más allá de las condiciones ya nombradas en las fechas mencionadas, hay muchos factores en juego y ninguno de ellos es estable lo suficiente como para dar un pronóstico a largo plazo. Pero desde ya que no va a ser fácil.

Además, hay un factor astrológico muy importante en juego: el 50% de los planetas que posee como potenciales la República Argentina, son retrógrados, es decir, movilizan corrientes internas más que externas y constituyen lo que en una persona denominaríamos “Karma condicionante”.

Ya he descrito algo sobre la Carta Natal de Argentina en este mismo blog: “¿Por qué el cambio en la Argentina?” y “¿La fórmula para que la Argentina salga definitivamente de las crisis?”.

Esto determina situaciones que nos relacionan con otros países y con el pasado de una república construida sobre una tierra impregnada de la sangre y la muerte de sus primitivos habitantes, invadidos, maltratados (proceso que aún hoy persiste en el sur del país) y por eso hay una gran lección que aprender; y por otro lado, repercute aquí lo que sucede en otros países, si bien, no debería ser así en un país que fuese realmente soberano.

Recuérdese, por ejemplo, el inesperado caos financiero en la época del “efecto Tequila”, año 1994, cuando en nuestro país se derrumbaba en un sólo día la economía nacional, por un problema económico que tuvo México, a tantos miles de kilómetros, y siendo que no existían relaciones tales que justificaran la repercusión. Es algo inaudito, pero real.

Éste es un país de permanentes “muertes y resurrecciones”, que tiene la benevolencia de ayudar a todos sus vecinos pero que en los momentos difíciles, siempre se encontrará a solas; sin embargo, como contraparte, por su gran poder de regeneración, es un país muy difícil de derrumbar y de rápida e inesperada recuperación. Siempre lo ha sido y siempre lo será.

Sí, es absolutamente cierto que llegar a buen puerto o estrellarse contra las rocas, no podrá ser definido por el gobierno, sino por la eventual capacidad de maduración de la población, que al igual que un niño que quiere aprender a caminar, ha ido dando los pasos correctos aunque lentos debido a sus constantes tropiezos infantiles.

Sin ir más lejos, en Argentina siempre existió una “brecha” (leer los libros de historia) y siempre existirá, así lo marca su Natal, lo que indica que permanentemente se enfrentarán dos facciones en oposición, o sea un pueblo siempre dividido; la salida se encontrará únicamente cuando se dejen los caprichos de lado y con maduración se logren aceptar y superar esas diferencias en pos de un bien común, lo que quedará supeditado al tiempo. Y esto, no será pronto, porque hay mucho camino que recorrer y muchas lecciones que aprender.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

Puedes compartir libremente este artículo o el enlace a www.elsenderodelser.com

www.elsenderodelser.com – www.profesorleo.com.ar – profesorleonqn@gmail.com

Realizado por Viviana Espín Ibarra. Diseño y Desarrollo Web.